CRISIS Y ENERGIA

 


 

La recomposición de la actual matriz energética a nivel nacional, es una necesidad a ultranza que el Ejecutivo Nacional debe priorizar en torno a su agenda política. Sostener tal premisa conduce a tener en cuenta indicadores y factores tanto globales como locales. Organismos internacionales como el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) produjeron el  informe “Tendencias Globales en Inversión de Energías Renovables 2016” en el que sostiene que los países desarrollados ya lideran esa renovación tanto en granjas eólicas, como parques solares. Durante 2015 se invirtieron cerca de 300 MM de dólares para las alternativas, mientras que sólo se destinaron algo más de 100MM en las  convencionales de carbón y gas. Obviamente que el factor determinante de esta reconversión, se sustenta en la lucha por reducir considerablemente las emisiones de gases GEIs, uno de los grandes causantes del efecto invernadero y consecuentemente en desarrollar economías bajo intensivas en carbono. Sudáfrica, Chile y Canadá lideraron el ranking de inversiones en energías alternativas, gracias a que generaron las condiciones propicias para lograr la inversión, y además porque lo planificaron no sólo por lo acuciante del cambio climático, sino además porque los tiempos de puesta a punto de estos proyectos se han reducido considerablemente, particularmente en el caso de eólicos, solares o fotovoltaicos.

 

 

Ahora bien, es posible para un país emergente como Argentina viabilizar y orientar su deuda pública hacia la reconversión de energías renovables, en el actual proceso recesivo mundial? Este fenómeno data desde 2008 y no obstante los ingentes esfuerzos y mecanismos diseñados para superarlo no se vislumbra todavía una recuperación fáctica. Es más, algunos especialistas advierten con preocupación que la crisis aún se extiende y que podría esperarse el comienzo de la recuperación hacia el inicio de la tercera década. Por lo tanto, dado que la actual conducción económica sostiene su decisión de recurrir a organismos multilaterales de crédito para financiar proyectos y políticas, sería sumamente propicio considerar que la situación financiera internacional es sumamente inestable y volátil y por ello esos recursos deberán orientarse con suma prudencia y con alto sentido de efectividad. 

 

 

En este contexto y dado que el actual Gobierno ha decretado la emergencia energética a nivel nacional, se genera un espacio altamente oportuno para procurar un intensivo desarrollo en nuevas fuentes alternativas que contemplen la demanda energética en un horizonte de potencial crecimiento económico y de una tendencia para descarbonizar la economía.

 

Córdoba, Abril 2016

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